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Tres series policiales para quienes buscan algo más que resolver un asesinato
Miércoles 15 de julio 2026
A primera vista, el género policial tiene una estructura conocida. Un crimen, un investigador, una resolución. Un esquema perfecto para maratonear un domingo de invierno con una manta en el sillón o, mejor aún, en la cama. Pero lejos de renegar de esa simplicidad en estructura, las mejores tramas la usan como fachada para poner debajo temáticas densas. True Detective agotó ese capital de sorpresa dentro de su propia fórmula y, cualquier lista que comience y termine ahí, habla del algoritmo, no específicamente del género. Es por eso que te dejamos tres series que deliberadamente siguen este esquema para ir más profundo en la psique humana.
La primera y quizás más reconocible es Mare of Easttown. Kate Winslet cambia la gabardina del detective atormentado por una chaqueta y un termo con café. Una serie limitada que entiende que el crimen es solo una excusa para retratar una comunidad entera de Pensilvania rural que es digna del dicho “pueblo chico, infierno grande”. Hace poco se confirmo que otra serie de detectives del mismo creador comparte universo con esta joya: Task.
La segunda serie está basada en un caso real y chileno. 42 Días en la Oscuridad, primera serie nacional original de Netflix, toma como punto de partida el caso de Viviana Haeger, la mujer que desapareció en Puerto Varas en 2010 y apareció muerta 42 días después en el entretecho de su propia casa. La serie se esfuerza en remarcar que cada capítulo es una inspiración y no un documental, pero eso no le quita fuerza a su verdadero tema, el acoso mediático y prejuicio social que enfrenta la familia mientras busca respuestas que las autoridades no quieren/pueden dar. Un retrato de cómo Chile procesa sus tragedias.

La tercera rompe el molde y nos lleva a tierras lejanas. Gannibal, serie japonesa basada en el manga de Misaki Ninomiya, sigue a un policía que es trasladado con su familia a un pueblo de montaña tras un incidente en la ciudad, solo para descubrir que la tranquilidad rural esconde un canibalismo ritual. Folk horror cercano a cintas de terror como la maravillosa The Wailling que a cualquier policial nórdico, pero que a su vez, funciona abandonando la lógica de la investigación.
Las tres beben, en el fondo, de la estética del cine noir clásico, un crimen que expone algo podrido debajo de la superficie, pero lo que cambia es el paisaje. El humo urbano se transforma en la niebla de Puerto Varas o la neblina de un pueblo de montaña japonés, la gabardina y el whisky del detective solitario, en un termo de café y una chaqueta de trabajo. Ese cambio de escenario no es cosmético, sino que el motor narrativo que atrapa tanto a la víctima como al espectador. La pregunta no es quién lo hizo, sino qué tuvo que callar todo un lugar para que el crimen fuera posible. Ahí está la complejidad que el policial esconde bajo su fórmula aparentemente simple.
Ignacio Maldonado
Creador de Onda Cine